España ha tomado un protagonismo inesperado en una de estas excepciones, y es que a día de hoy puede considerarse como un país pionero en la producción de un tipo de carburante ‘limpio’ que permite reducir las emisiones de carbono al mínimo.
En este caso no hablamos de los combustibles sintéticos que es probable que también tengan cabida en el futuro pero a un precio inalcanzable (entre seis y siete euros por litro) sino de los renovables o biocombustibles de laboratorio o de segunda generación.
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