Ya sea por falta de infraestructura, regulación estricta, percepción social, o por muchos otros factores, la electrificación es un proceso que está avanzando, pero con mucha lentitud. Mientras tanto, más de 20 millones de vehículos diésel y gasolina siguen circulando por España, muchos de ellos con más de una década de antigüedad (o dos). No obstante, existen soluciones que intentan hacer más llevadera esta transición energética, y una de ellas pasa por el uso de combustibles renovables. Qué son exactamente estos combustibles.
No llevan ni una gota de petróleo. Se producen a partir de residuos orgánicos como aceites de cocina usados, grasas animales, desechos forestales o restos de cosechas. El proceso de hidrogeneración catalítica transforma estos residuos en combustibles con propiedades similares a los derivados del petróleo, pero con una diferencia clave: el CO₂ que emiten al quemarse es el mismo que las plantas han absorbido previamente de la atmósfera.
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