Corría el año 2016 cuando la Dirección General de Tráfico ponía en marcha el actual sistema de etiquetas medioambientales, que tenía por misión clasificar a los vehículos en general en función de sus emisiones.
Los conductores se quedaron más en la anécdota de que la DGT enviaba las etiquetas por correo solo a algunos conductores, mientras que el resto tuvieron que pagarlas religiosamente, pues costaban cinco euros.
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