De forma habitual, son muchos los conductores portugueses que aprovechan el fin de semana para cruzar la frontera y recargar el depósito en las gasolineras españolas, en las que el combustible siempre está algo más barato.
Pero la entrada en vigor del descuento directo de 20 céntimos por litro de carburante que arrancó este viernes en España ha tenido un efecto llamada mucho más intenso al otro lado del Miño.
Ya este viernes la afluencia fue masiva en las estaciones de servicio fronterizas, pero los fallos informáticos en el sistema de cobro y las eternas colas hicieron desistir a muchos clientes, tanto españoles como portugueses.
Las aglomeraciones se repitieron ayer a partir del mediodía en los establecimientos más próximos a la frontera de Tui con Valença. En una de las estaciones de servicio de Repsol, los conductores aguardaban pacientes en sus vehículos, ordenados en tres filas, mientras casi una decena de empleados, entre los encargados de los surtidores y el cobro en caja, acalorados y de manga corta, a pesar del fresco de las temperaturas, se esforzaban en dar abasto. «El viernes fue un caos, y se montó una buena. Un hombre salió del coche con un palo amenazando con golpear al que se le pusiera por delante si no lo atendían», cuenta un conductor que, ante tal escena optó marcharse y volver al día siguiente.
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